Carta abierta a los gendarmes, a sus familiares, amigos y a cualquier otro ciudadano que por la razón que fuera tenga conocimiento de algún detalle que permita esclarecer el paradero de Santiago Maldonado

GendarmesMaldonado

  "Sienta la satisfacción moral de un acto de libertad”

Hace ya un largo mes, en el contexto del desigual enfrentamiento entre un pequeño grupo de la comunidad Mapuche y tropas de la Gendarmería Nacional, a las órdenes directas del Ministerio de Seguridad, superiores en número, en pertrechos y en capacidad operativa, es desaparecido Santiago Maldonado que, simpatizando con la causa de ese pueblo, en especial con la reivindicación de su derecho sobre territorios ancestrales, había acercado su solidaridad. Es innegable su presencia en el lugar y contundentes las pruebas sobre su detención por la gendarmería, punto de partida de su desaparición. De entre los más de 100 efectivos, participantes directos o indirectos de su detención/desaparición, de entre los integrantes de esa fuerza o de las restantes fuerzas provinciales o federales que no participaron directamente en el teatro de operaciones pero tuvieron relación mediata con los hechos, de los familiares de esos  gendarmes o integrantes de otras fuerzas, de sus amigos o de cualquier otro ciudadano que por la razón que fuera, por cualquier motivo, sea depositario de informaciones que puedan conducir a esclarecer la desaparición de Santiago, debe salir el ser humano que proporcione los indicios para salir de una incertidumbre cruel que aflige a sus padres, hermanos, familiares, amigos y a todo el pueblo argentino.

 

Solo uno de entre ese conjunto de hombres y mujeres que se atreva a romper la malla de silencio, la complicidad de la que son a la vez partícipes y víctimas y se habrá desvanecido una estrategia que además de desaparecer a Santiago o de haber generado las condiciones para su desaparición forzada, cierra el círculo de terror con la negación de información, la desinformación directa, el infundio y los agravios tanto sobre los Mapuches como sobre quienes desde nuestro pueblo o se sumaron a la solidaridad antes de los hechos como Santiago o lo hacen ahora a la pelea por el esclarecimiento de los sucesos y la aparición con vida. Ayudados eso sí por el periodismo dominante, venal y siniestro que estigmatizó primero la lucha de la comunidad que exigía sus derechos y silencia ahora, deforma o siembra pistas falsas, para difundir entre la población el peor de los virus, el virus del olvido.

Hace más de cuatro décadas, en el marco de la feroz dictadura militar, empresarial, eclesiástica, que asoló el país y desapareció a 30.000 compatriotas, el gran escritor argentino Rodolfo J. Walsh fundó una Agencia Noticiosa Clandestina (ANCLA) con la que junto a un puñado de colaboradores intentaron llegar con la verdad al pueblo argentino y la comunidad internacional. Pudieron así, pese a lo limitado y artesanal de su trabajo, señalar como una infamia el cerco informativo que mantenía adormecida a la sociedad. Ese férreo cerco que desvirtuaba la realidad o la "creaba", por ejemplo informando que los desaparecidos paseaban por Europa (como ahora con Santiago, "visto" por Gualeguaychú con su mochila) lo montaron los grandes medios de prensa argentinos, beneficiarios económicos de la dictadura, con Clarín y La Nación a la cabeza, como ahora. Walsh, al cerrar los despachos informativos y luego de pedir la colaboración en la difusión de los boletines que llevaban a la población la información sobre los hechos represivos, pero también sobre la realidad social y económica, decía "Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad". En nombre de esa memoria que integra las páginas más brillantes de la lucha del pueblo argentino por su dignidad, le volvemos a decir que no cargue con el pesado lastre del silencio, que no se haga cargo de un secreto que tornará insoportable su vida, que le impedirá mirar de frente a sus seres queridos. El agua clara de la verdad se abre paso y busca la luz. Tenga presente que todavía hoy, cuatro décadas después de los hechos, se siguen descubriendo los horrores de la represión en los pasados 70'. La justicia, aún tardía es justicia.

Pero para los contemporáneos, para sus padres y hermanos hoy, tener información que permita encaminar la búsqueda del ser querido tiene un valor incomparable. Por eso le pedimos que si no se atreve a denunciar en forma legal los hechos que conoce, lo haga ante los organismos de derechos humanos (Madres, Abuelas, Familiares, Hijos) que durante años han demostrado su idoneidad en la lucha, su rigurosidad en las búsquedas, su absoluta honestidad. También, ante el puñado de periodistas que ha honrado su profesión informando con veracidad pese a despidos, amenazas, persecución. Y si aún no se atreve, haga una denuncia anónima de los hechos que conozca y que puedan contribuir al esclarecimiento, SIENTA LA SATISFACCIÓN MORAL DE UN ACTO DE LIBERTAD. Hay un ámbito común de dignidad que nos cobija aún en el gran manojo de diferencias existentes. Es de ese ámbito de la conciencia colectiva que existe imprevisible e intranquila del que siempre puede salir a luz una verdad, la que solo brota en los momentos más angustiosos y difíciles. Usted se sentirá aliviado como si una desconocida fuerza reparadora hubiera recompuesto su vida.