POR UNA POLÍTICA DE DEFENSA NACIONAL

Por Jorge Luis Bernetti *

El pésimo tratamiento del hundimiento del submarino ARA “San Juan” por parte del gobierno Macri expresa de manera rotunda la ausencia de una política de defensa nacional. O, en todo caso, exhibe los retazos de una subordinación internacional y de una postergación en las prioridades que debe tener la Nación. Para la administración Macri Defensa es Seguridad y Seguridad es represión a la movilización popular y agitación de una pretendida “guerra al narcotráfico” que acaba de recibir en México el rotundo rechazo de las mayorías populares con la elección de Andrés Manuel López Obrador como presidente. El Estado argentino debe realizar los esfuerzos económicos y políticos necesarios para averiguar ciertamente que sucedió y no continuar con las inútiles cavilaciones acerca de la fe en una u otra hipótesis que circulan en el país sobre la catástrofe.

La falta de seriedad exhibida en la cuestión del aumento salarial al personal militar y el levantamiento del desfile militar del 9 de julio muestran tanto el descuido en el tratamiento de la cuestión, subordinada también al ajuste fondomonetarista como, una ausencia de seguridad en la relación de mando obediencia que debe presidir el vínculo poder político-fuerzas armadas.

Se comprueba que no hay vigente una política de Defensa salvo aquella de la subordinación al orden hegemónico internacional conducido por los Estados Unidos.

Por eso hoy es imprescindible que lo que se llama la oposición realice aceleradamente la construcción de esa política, ítem que no está presente de manera definida en los debates políticos prioritarios. Y, sin embargo, la Argentina tiene los recursos humanos para convertirse en sujeto de ésta edificación. Especialistas civiles (muchos de ellos de las nuevas generaciones) y militares (en actividad y retiro) son diseñadores protagónicos de la materia en cuestión. Se revela sí, la ausencia en los partidos políticos en el tema. Asoman apenas conversaciones e intercambios en medios intelectuales y sindicales. En los medios el tema está postergado amarillísticamente por la seguridad. Y en el Congreso, pese al esfuerzo de la oposición más consecuente, los legisladores adictos al gobierno macrista eluden cuanto pueden la cuestión.

No hay política de Defensa sin doctrina de Defensa afirman los especialistas en el tema. La moderna y democrático popular línea histórica en el materia arranca con Perón y su Discurso de la Defensa Nacional en la Universidad Nacional de La Plata en 1944. La definición de que la Defensa es un tema que supera a las FFAA y abarca a toda la Nación fijó sus raíces en la tarea y el pensamiento del general Enrique Mosconi en YPF y del general Manuel Savio respecto del acero. O la vigencia de los Astilleros de Río Santiago. Como elementos para sumar al recorrido histórico se presenta la gran tarea del brigadier San Martín en la Fábrica Militar de Aviones en Córdoba que hoy lleva su nombre. Y la militancia infatigable del general Pujato en el continente Antártico o las observaciones el almirante Storni acerca de la importancia territorial del mar Argentino. O la tarea intelectual del general Juan Guglialmelli al frente de la revista “Estrategia”.

El golpismo oligárquico con su mesiánica convicción acerca de la tutela militar sobre el poder civil, siempre al servicio de las minorías económicas y políticas, represor de los movimientos populares y amigo de las naciones imperiales construyó la Doctrina de la Seguridad Nacional.

La democracia reconquistada en 1983 la volteó y diseñó con consenso ejemplar las leyes de defensa nacional, de seguridad nacional y de inteligencia, que algunos quieren hacer volver atrás como lo revela la intención de derogar o reformar el decreto 727/2006 de reglamentación de la primera de aquellas que realizó el gobierno de Néstor Kirchner.

¿Cuál será el objeto principal o el escenario de la política de Defensa que hay que construir? El rescate de la soberanía en Malvinas, la presencia en el Continente Antártico (de cuyo Tratado regular la Argentina es socio firmante y sede de su administración) y la custodia y ejercicio de la soberanía sobre el mar Argentino forman parte esencial de aquella. La extensión de la soberanía sobre la prolongación de la plataforma submarina, proyecto de Naciones Unidas del cual la Argentina participó con eficacia, subraya también el territorio clave de acción de la Defensa. En Malvinas, el gobierno de Macri copia la desastrosa política menemista en la materia, echando por la borda la orientación del gobierno kirchnerista por lograr el apoyo mayoritario de la comunidad internacional en el tema. En cambio, como lo ha denunciado Horacio Tettamanti, ex subsecretario de Puertos y Vías Navegables, el gobierno de Macri “acaba de clausurar nuestra salida comercial al mar, al océano Atlántico” en beneficio del puerto de Montevideo en función de intereses transnacionales.

No puede haber falsas oposiciones en la materia de Defensa. Las Fuerzas Armadas deben permanecer subordinadas al poder civil como instrumento militar de la política nacional. El respeto por la vigencia de los derechos humanos debe garantizar la continuidad de los juicios por los crímenes cometidos durante la dictadura y la vigencia de las penas. Es necesario mejorar la educación militar que ha tenido cambios positivos después de 1983 y profundizar las políticas de género. Fijadas estas prioridades hay que establecer una política de equipamiento que refuerce y profundice la industria militar nacional, como esfuerzo del Estado y de los privados nacionales. Es casi obligatorio profundizar la integración regional en la materia, especialmente con Brasil. Y si, como es previsible, se deben comprar armamentos en el exterior será necesario salir de los mercados occidentales tradicionales y abrir las puertas a convenios con Rusia, China y la India entre otros países.

El empeño de la reacción en curso en América Latina quiere destruir la Unasur y su Consejo Sudamericano de Defensa. En su momento será la ocasión de restablecer y potenciar todas sus capacidades en un acuerdo estratégico de no agresión y prevención. En esta lógica carece de sentido la permanencia de la Argentina en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y, nada menos, que como aliado extra Otan.  

Todo ello es parte del debate imprescindible para 2019 y para ahora.

*Politólogo

Oscar aguad