Cartas Abiertas

UN LLAMADO ANTE UNA HORA CRUCIAL: Cristina Fernández de Kirchner Presidenta

1.

La vida política e intelectual argentina, en lo que ambas se compenetran, ha sufrido enormes convulsiones en los últimos años, especialmente si tenemos en cuenta la necesidad de pronunciarse ante los constantes aspectos de singular dramatismo que componen la escena pública. Si ante el advenimiento del macrismo muchos han considerado que estábamos ante una derecha moderna, no pocos nos vimos ante la obligación de reflexionar sobre lo que parecía, y al cabo se demostró, un exceso de optimismo de algunos politólogos. No obstante, hasta hoy sigue en pie la necesidad de categorizar más específicamente este nuevo fenómeno, de aristas sumamente dañosas, que tienen articulaciones internas más complejas, pero menos visibles que los quebrantos sociales que provoca. Numerosas personas ligadas al mundo cultural, organizadas como grupos o en forma particular u ocasionalmente figurando en solicitadas y documentos públicos, han señalado diversos problemas. El principal de los cuales, parece ser la honda perplejidad que ocasiona la fuerte agresividad del gobierno macrista sobre el cuerpo social, laboral y simbólico en sus más diversas acepciones. Aun para los que no tienen una visión favorable del gobierno anterior, al que caracterizados representantes del pensamiento argentino le habían dirigido tantos esfuerzos críticos, ahora deben destinar suficientes reservas para interpretar el cuadro actual que ofrece el gobierno macrista. ¿Neoliberalismo tardío fracasado? ¿Fascismo social con el revestimiento de una subjetividad empresarial filtrada por la ley del arrepentido?

Distintos documentos dados a luz en tiempos recientes, reflexionan sobre el Estado de Derecho en términos escépticos, en razón del desprecio gubernamental hacia valores democráticos que perjuró respetar, lo que genera el dilema de si estamos ante distintas gradaciones del espacio público, esto es, una combinación de dictadura en los medios y procedimiento de control relativamente autocontenidos en los fines. O bien, si se trata de una dictadura de fines que todavía conserva como medios diversos aspectos de una institucionalidad más o menos abierta. ¿Puede ser democrático un gobierno que entrega la soberanía de forma humillante y somete impúdicamente al Poder Judicial y al Congreso? Evidentemente, miles de hechos cotidianos afirman que estamos ante la peor de las posibilidades, un gobierno de fuerza que mantiene formalidades parlamentarias y otros convenios de juridicidad heredados, pero marcha hacia el unicato de una voz que ni siquiera es la del saltimbanqui presidencial. Es la de los organismos financieros internacionales que regulan nuestra vida hablándonos al oído por medio de las más sutiles tramas de las corporaciones financieras, jurídicas y comunicacionales. Por otro lado, parecería evidente que lo que aparece como una severa violentación de la legitimidad jurídica del país, sería señalado con estupor por muchos grupos intelectuales y personas vinculadas a la actividad cultural. Sin embargo, no siempre es así.

Casi imperceptiblemente, los elementos de desapego a la razón crítica ya estaban siendo anticipados, desde hace mucho tiempo, en el mundo político y académico. Ahora, cuando muchos contemplan el rostro verdadero de lo que peticionaban tímidamente, dudan en hacer brotar una condena. Optan por relativizar lo que tiene la evidencia severa de un fuerte desnucamiento de los clásicos procedimientos judiciales. Los más dispuestos a abandonar la indiferencia ante lo evidente, perciben que se está poniendo en riesgo la facultad de juzgar de toda una sociedad. Otros siguen sosteniendo el argumento de que el nivel de corrupción existente en el gobierno anterior -llamada red, ruta, enterramiento, matriz o asociación delincuencial-, motivaba la adopción de instancias jurídicas excepcionales. Pero, justamente, nociones como “estado de excepción” y “nunca más a la corrupción” hacen gala de una notoria liviandad en el caso en que con ellas se quiera explicar los nuevos modos de actuación jurídica, como la figura del arrepentido, la detención preventiva o la recompensa para capturas, en razón de oscuros eventos de ilicitud que dan por anticipadamente acontecidos en el seno de los gobiernos kirchneristas, sin más recursos probatorios que los tan asiduamente llamados “relatos”. ¿La penumbra jurídica y el parloteo comunicacional no constituyen una realidad ultra ficcional que les debería merecer ahora mucho más que esta despectiva denominación? Más que “relatos”. Apocalipse Now.

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LA MEDIDA DE LO HUMANO

Si la política fuera una ondulación de fuerzas y hubiera un aparato científico para medirlas, podríamos decir que el macrismo está en un momento donde el ciclo inicial de acumulación no ha concluido aún. Pero por suerte, la política no tiene aparatos tan sinuosos de medición, aunque continuamente este gobierno más que cualquier otro, se la pasa midiendo. Cómo mide Macri luego de tal o cual declaración desafortunada, carente de trazos mínimos de humanidad o de la información cultural, incluso de la menos exigente. Cómo mide luego de una muerte por el factor Chocobar, cómo mide luego de rehacer un cálculo para bajar las jubilaciones, cómo mide luego de privatizar un instituto tecnológico del Estado. Los medidores  macristas, tanto los públicos como los secretos –encuestas, focus, trolls, escuchas clandestinas–, dirigen la robótica del gobierno según parámetros de la inteligencia artificial y otros lineamientos del cientificismo empresarial y la mercantilización de informaciones personales privadas. ¿Cuál es la mercancía que miden? Las pasiones públicas. Y allí encuentran razones para sus hipótesis de permanencia en el poder, considerándose dentro de un tiempo abstracto donde sólo existen conceptos como aceleración o gradualismo, donde impera la idea de objetivos, no de plazos. Esta frase ya se escuchó en la historia argentina, tener un punto de mira fijo suprimiendo el tiempo complejo de una sociedad cortada por sacudidas abruptas, significa en este caso convivir con las instituciones con profundo desprecio. Y el medidor, el llamado amperímetro ¿dice que hay tanto más aceptación cuanto más empeño se ponga en ser despiadado, pero con sonrisa indiferente en los labios? Toda política emancipatoria descansa en el hecho de demostrar que no es así.

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ANTE UNA HORA CRUCIAL

1) Con los métodos y particularidades del siglo XXI las oligarquías financieras, el poder económico concentrado –que hoy incluye a los monopolizados medios de comunicación– y la superpotencia hegemónica del continente han construido una trama, para desterrar no sólo las experiencias de soberanía efectiva, sino también para destruir naciones, disolver movimientos, dividir a los pueblos, degradar la política, y naturalizar un sistema de explotación y exclusión. Han actuado para crear las condiciones de sometimiento que permitan el despliegue de las políticas neoliberales del capital financiero y el arrasamiento de derechos e identidades de naciones y pueblos. Aunque hay estrategias específicas en cada país, las ofensivas desatadas sobre Brasil, Argentina y Venezuela incluyen inocultables rasgos de similitud: desacreditación de las políticas redistributivas y los programas sociales de carácter universal, denuncias de corrupción e intensas campañas de manipulación mediática. Sin embargo, la página no ha sido dada vuelta y pese a la ofensiva restauradora en marcha,  la resistencia del proyecto liberador es una marca persistente de la época.

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LA DEGRADACION DE LA DEMOCRACIA

 

1. Vivimos en una escena contemporánea donde suele ponerse en duda la objetividad de los hechos sociales y se nos llama a un festejo irresponsable de la “creación de realidades”, de la “construcción de la noticia” y en último extremo, de la “apología de la falsedad”, en vistas del éxito que tienen las campañas que buscan capturar aspectos pulsionales de las corrientes de creencias colectivas, muchas veces tan oscuras como volátiles. No desconocemos este vasto terreno donde se ejercen coacciones con materiales simbólicos extraídos de operaciones que redefinen el mismo sujeto de conocimiento. Sobre esto mucho se ha dicho, en términos de cómo el neoliberalismo implica en última instancia reformular la idea misma de ciudadanía, conocimiento, habitabilidad y autoimagen de los sujetos para generar sus hipótesis de adhesión, transformadas en formas involuntarias de servidumbre, las únicas que el retrógrado partido gubernamental desea y sobre las que específicamente trabajan en sus gabinetes, que fabrican nuevos consumidores para la mercancía del miedo. El nuevo ciudadano que desean, nacería expulsado de toda historia; sería una arcilla rasa en la que se imprimiría un documento con un número para el olvido y otro para la subordinación.

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El Frente como nuevo llamamiento histórico

 

1.

La discusión argentina tiene una clave esencial, recuperar la noción de trabajo como núcleo originario de derechos, de ciudadanía democrática, de soberanía efectiva, de autonomía de los sujetos públicos, de igualitarismo social, de justicia sin manipulaciones, sin medios de comunicación desvirtuados por operaciones que sesgan la realidad, con el cese de la persecución a los referentes comunitarios y la defensa de una economía liberada de su nuevo peso opresivo en favor de las  estructuras financieras internacionales.

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