Declaraciones

En Venezuela, todo lo que se hace hoy en las grandes movilizaciones de la oposición, bajo el manto protector de la Democracia, designa en realidad los fuertes movimientos para desprenderse planificadamente del gobierno de Maduro. Se lo considera un gobernante obcecado, galardonado por la corrupción, soltando por capricho mesiánico los demonios de la represión. Estas visiones de las estructuras mundiales de comunicación, son parte del Protocolo para echar, anular y generar un gigantesco olvido en torno a los movimientos populares, encarnándolos en bribones que acribillan manifestantes que no reciben abastecimientos y salarios. De allí saca su destreza un ejercicio argumental como el del macrismo cuyo protocolo represivo parte de que siempre los portadores del fuego son los otros. Ellos son en cambio los portaestandartes de la eximición de sus propias culpas. Podrían decir perfectamente que la represión es el Otro.

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La escuela pública argentina surge de un gran debate inicial, propio de los comienzos del capitalismo industrial. ¿Hay que educar o instruir? La orientación que surgió siempre en nuestro país y siguió perseverante hasta hoy, fue la de educar. De ahí que su concepto educacional acentuaba lo público, lo colectivo, el sentimiento de participación en un destino común, y de este modo, un sentido de libertad y responsabilidad social. A nadie se lo dirigía hacia la senda de la servidumbre y del menguado aprendizaje, instruyéndolo apenas en la servicialidad a una lógica de sumisión. Este tema del primer nivel de la enseñanza es tan vital que se reproduce en el mundo universitario, donde siempre nos encontramos con la batalla entre formar ingenieros o instruir ingenieros en determinadas tecnologías útiles a ciertas industrias.

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En octubre de 2016 se llevó a cabo el primer Paro Nacional al actual gobierno. No fueron organismos sindicales tradicionales quienes lo hicieron, sino mujeres convocadas y autogestionadas por organizaciones de una nueva y originalísima floración del feminismo, bajo el llamado de “Ni una menos. Vivas nos queremos”, sugerente expresión que habla de vacíos y ausencias intolerables. Esta demostración de hastío, de osadía y de bravura colocó definitivamente la cuestión de género en la consideración primaria de la discusión política y obliga a repensar bajo estímulos novedosos los actos de crítica general a todas las formas de la existencia menoscabada y a las agraviantes acciones gubernamentales en estas y otras tantas materias.

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