Cartas Abiertas

Carta 28

Por un nuevo latinoamericanismo

Con asombrosa rapidez, se han producido en Latinoamérica un conjunto de hechos conmocionantes. Por un lado, golpes de estado que parecen de fabricación casera y que no desean confesarse de ese modo a sí mismos, pero que son golpes que se inspiran en el odio a los nuevos experimentos de igualdad, en protocolos mundializados de control social en la era de la financiarización de la vida y de la declinación de las ya maltrechas democracias. Por otro lado, grandes movilizaciones populares repletas de ingenio, valentía y perseverancia, con costos en vidas provocados por las armas manipuladas contra multitudes heterogéneas movilizadas, por policías acorazados que asemejan a los cascarudos de El Eternauta. Como un soplido de desahogo excepcional, en un significativo contrapunto, debemos mencionar la libertad de Lula y la elección argentina, que interrumpe uno de los ciclos más vergonzosos de la vida política del país. Ciudadanos latinoamericanos, pasamos por rápidos momentos de alborozo, para sumergirnos nuevamente en el corazón de las tinieblas. Hombres y mujeres de Latinoamérica, pasamos largos periodos proclamando la unidad de nuestros países sobre la base de deseos, intereses y políticas liberacionistas, y nos vemos dispersos en momentos asincrónicos, donde en unos reina el golpismo caricaturesco, pero no sin eficacia, en otros grandiosas movilizaciones, y en todos el filón apenas insinuado pero sumamente grave de un nuevo fascismo que cuesta definir mejor, si es que aspiramos a construir conceptos más precisos que sostengan acciones sociopolíticas compuestas por un nuevo humanismo crítico.

Esta perspectiva crítica debería incluir economías sociales que no reproduzcan nuevos colonialismos, y hagan surgir políticas públicas que rechacen todo sometimiento, sea de los trabajadores a los grupos económicos de ideología flexibilizadora del acto laboral, sea de formas de relación interhumana que plasmen ideologías de sumisión patriarcal o de servidumbre donde se obliga a sacrificar la libertad para mantener la vida, aun en sus formas más rústicas y precarias.

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Por una victoria popular

La líder del movimiento popular, nacional, democrático, latinoamericanista y feminista, Cristina Fernández nos ha convocado a militar por la fórmula que decidió integrar como candidata a la vicepresidencia conjuntamente con Alberto Fernández, quien la encabezará como aspirante a Presidente. Lo hizo evocando el aniversario de la asunción de Néstor Kirchner a la primera magistratura y a la Revolución de Mayo.
La fundamentación de la decisión que enunció Cristina Fernández incluye su percepción de un mundo y una región que atraviesan un tiempo de trágicos cambios regresivos, en los que se despliegan disputas comerciales, tecnológicas, militares, geopolíticas y políticas, y con el objetivo de evitar que esos acontecimientos nos conduzcan a mayores desgracias.
El escenario es adverso y opuesto al período en que el kirchnerismo condujo el país entre el 2003 y el 2015, con un Proyecto que en sus distintos hitos construyó más autonomía nacional, mejor nivel de vida para el pueblo, revitalizando la cultura y participando de una ola de gobiernos populares que promovían la integración regional en pos de la Patria Grande latinoamericana. Con Cristina nos sentimos orgullosos de las políticas de ese período que con sus aciertos, críticas y errores tuvo una inequívoca direccionalidad en beneficio del pueblo y la Nación.
Luego sobrevino una época de derrota a manos de una fuerza política que no sólo gobernó mal, sino que lo hizo para la defensa de los intereses sectoriales de los más poderosos, del capitalismo financiero globalizado que en pocos años se benefició con grandes rentas y se constituyó en gran acreedor del país. Quienes ejercen el gobierno son los CEOS de las finanzas y de las empresas de servicios, que también expolian al pueblo con alzas desmesuradas e injustificadas de las tarifas, dolarizadas, mientras los salarios de los trabajadores fueron reducidos drásticamente, las pequeñas y medianas empresas fueron gravemente dañadas por una recesión inducida, y los sectores más vulnerables resultaron arrojados a la miseria y al hambre. Del discurso sobre la seguridad represiva del gobierno, salieron los policías que matan adolescentes y los fanáticos anónimos que queman a los desvalidos a los que solo queda la calle para dormir.

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UN LLAMADO ANTE UNA HORA CRUCIAL: Cristina Fernández de Kirchner Presidenta

1.

La vida política e intelectual argentina, en lo que ambas se compenetran, ha sufrido enormes convulsiones en los últimos años, especialmente si tenemos en cuenta la necesidad de pronunciarse ante los constantes aspectos de singular dramatismo que componen la escena pública. Si ante el advenimiento del macrismo muchos han considerado que estábamos ante una derecha moderna, no pocos nos vimos ante la obligación de reflexionar sobre lo que parecía, y al cabo se demostró, un exceso de optimismo de algunos politólogos. No obstante, hasta hoy sigue en pie la necesidad de categorizar más específicamente este nuevo fenómeno, de aristas sumamente dañosas, que tienen articulaciones internas más complejas, pero menos visibles que los quebrantos sociales que provoca. Numerosas personas ligadas al mundo cultural, organizadas como grupos o en forma particular u ocasionalmente figurando en solicitadas y documentos públicos, han señalado diversos problemas. El principal de los cuales, parece ser la honda perplejidad que ocasiona la fuerte agresividad del gobierno macrista sobre el cuerpo social, laboral y simbólico en sus más diversas acepciones. Aun para los que no tienen una visión favorable del gobierno anterior, al que caracterizados representantes del pensamiento argentino le habían dirigido tantos esfuerzos críticos, ahora deben destinar suficientes reservas para interpretar el cuadro actual que ofrece el gobierno macrista. ¿Neoliberalismo tardío fracasado? ¿Fascismo social con el revestimiento de una subjetividad empresarial filtrada por la ley del arrepentido?

Distintos documentos dados a luz en tiempos recientes, reflexionan sobre el Estado de Derecho en términos escépticos, en razón del desprecio gubernamental hacia valores democráticos que perjuró respetar, lo que genera el dilema de si estamos ante distintas gradaciones del espacio público, esto es, una combinación de dictadura en los medios y procedimiento de control relativamente autocontenidos en los fines. O bien, si se trata de una dictadura de fines que todavía conserva como medios diversos aspectos de una institucionalidad más o menos abierta. ¿Puede ser democrático un gobierno que entrega la soberanía de forma humillante y somete impúdicamente al Poder Judicial y al Congreso? Evidentemente, miles de hechos cotidianos afirman que estamos ante la peor de las posibilidades, un gobierno de fuerza que mantiene formalidades parlamentarias y otros convenios de juridicidad heredados, pero marcha hacia el unicato de una voz que ni siquiera es la del saltimbanqui presidencial. Es la de los organismos financieros internacionales que regulan nuestra vida hablándonos al oído por medio de las más sutiles tramas de las corporaciones financieras, jurídicas y comunicacionales. Por otro lado, parecería evidente que lo que aparece como una severa violentación de la legitimidad jurídica del país, sería señalado con estupor por muchos grupos intelectuales y personas vinculadas a la actividad cultural. Sin embargo, no siempre es así.

Casi imperceptiblemente, los elementos de desapego a la razón crítica ya estaban siendo anticipados, desde hace mucho tiempo, en el mundo político y académico. Ahora, cuando muchos contemplan el rostro verdadero de lo que peticionaban tímidamente, dudan en hacer brotar una condena. Optan por relativizar lo que tiene la evidencia severa de un fuerte desnucamiento de los clásicos procedimientos judiciales. Los más dispuestos a abandonar la indiferencia ante lo evidente, perciben que se está poniendo en riesgo la facultad de juzgar de toda una sociedad. Otros siguen sosteniendo el argumento de que el nivel de corrupción existente en el gobierno anterior -llamada red, ruta, enterramiento, matriz o asociación delincuencial-, motivaba la adopción de instancias jurídicas excepcionales. Pero, justamente, nociones como “estado de excepción” y “nunca más a la corrupción” hacen gala de una notoria liviandad en el caso en que con ellas se quiera explicar los nuevos modos de actuación jurídica, como la figura del arrepentido, la detención preventiva o la recompensa para capturas, en razón de oscuros eventos de ilicitud que dan por anticipadamente acontecidos en el seno de los gobiernos kirchneristas, sin más recursos probatorios que los tan asiduamente llamados “relatos”. ¿La penumbra jurídica y el parloteo comunicacional no constituyen una realidad ultra ficcional que les debería merecer ahora mucho más que esta despectiva denominación? Más que “relatos”. Apocalipse Now.

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LA MEDIDA DE LO HUMANO

Si la política fuera una ondulación de fuerzas y hubiera un aparato científico para medirlas, podríamos decir que el macrismo está en un momento donde el ciclo inicial de acumulación no ha concluido aún. Pero por suerte, la política no tiene aparatos tan sinuosos de medición, aunque continuamente este gobierno más que cualquier otro, se la pasa midiendo. Cómo mide Macri luego de tal o cual declaración desafortunada, carente de trazos mínimos de humanidad o de la información cultural, incluso de la menos exigente. Cómo mide luego de una muerte por el factor Chocobar, cómo mide luego de rehacer un cálculo para bajar las jubilaciones, cómo mide luego de privatizar un instituto tecnológico del Estado. Los medidores  macristas, tanto los públicos como los secretos –encuestas, focus, trolls, escuchas clandestinas–, dirigen la robótica del gobierno según parámetros de la inteligencia artificial y otros lineamientos del cientificismo empresarial y la mercantilización de informaciones personales privadas. ¿Cuál es la mercancía que miden? Las pasiones públicas. Y allí encuentran razones para sus hipótesis de permanencia en el poder, considerándose dentro de un tiempo abstracto donde sólo existen conceptos como aceleración o gradualismo, donde impera la idea de objetivos, no de plazos. Esta frase ya se escuchó en la historia argentina, tener un punto de mira fijo suprimiendo el tiempo complejo de una sociedad cortada por sacudidas abruptas, significa en este caso convivir con las instituciones con profundo desprecio. Y el medidor, el llamado amperímetro ¿dice que hay tanto más aceptación cuanto más empeño se ponga en ser despiadado, pero con sonrisa indiferente en los labios? Toda política emancipatoria descansa en el hecho de demostrar que no es así.

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ANTE UNA HORA CRUCIAL

1) Con los métodos y particularidades del siglo XXI las oligarquías financieras, el poder económico concentrado –que hoy incluye a los monopolizados medios de comunicación– y la superpotencia hegemónica del continente han construido una trama, para desterrar no sólo las experiencias de soberanía efectiva, sino también para destruir naciones, disolver movimientos, dividir a los pueblos, degradar la política, y naturalizar un sistema de explotación y exclusión. Han actuado para crear las condiciones de sometimiento que permitan el despliegue de las políticas neoliberales del capital financiero y el arrasamiento de derechos e identidades de naciones y pueblos. Aunque hay estrategias específicas en cada país, las ofensivas desatadas sobre Brasil, Argentina y Venezuela incluyen inocultables rasgos de similitud: desacreditación de las políticas redistributivas y los programas sociales de carácter universal, denuncias de corrupción e intensas campañas de manipulación mediática. Sin embargo, la página no ha sido dada vuelta y pese a la ofensiva restauradora en marcha,  la resistencia del proyecto liberador es una marca persistente de la época.

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